Sala «Nins»



Retratos de niños del s.XVI al s.XIX
La Colección Nins está compuesta por un total de 167 obras de retratos de niños de entre los siglos XVI y XIX, que han sido reunidas durante más de treinta años por dos artistas y coleccionistas, Yannick Vu y Ben Jakober.
Esta singular colección, declarada como Bien Catalogado, la integran retratos de personajes pertenecientes a familias de la realeza, la aristocracia y la burguesía europea, aunando obras de pintores de España, Francia, Italia, Inglaterra, Austria, Alemania y Países Bajos. Años tras año, la exposición se renueva para mostrar obras seleccionadas de dos países a la vez, haciendo un recorrido histórico y geográfico de la pintura europea a través de la infancia retratada.
Esta propuesta permite no sólo apreciar la evolución del arte del retrato a lo largo de los siglos, sino también reflexionar sobre el papel de la infancia en distintas culturas, épocas y estamentos sociales.
EL ALJIBE
El Aljibe alberga la colección NINS. Concebido originalmente como un depósito de agua para el riego de la finca, este espacio subterráneo fue transformado en 1994 en sala expositiva, incorporando una marquesina, diseñada por Antonio Obrador.
El carácter subterráneo del Aljibe ofrece al visitante una experiencia íntima y envolvente, un recorrido que desciende hacia un lugar de memoria sin alterar la belleza natural del entorno. El reconocido director de teatro y ópera Robert Carsen diseñó la nueva instalación de la colección, disponiendo las obras sobre paredes pintadas en distintos tonos de rojo, del rosa al carmesí oscuro, y creando un diálogo sutil entre las obras.
Esta propuesta refuerza la idea de que la identidad del museo reside en su colección y en la experiencia que esta genera, más que en el propio edificio, ofreciendo un espacio de contemplación cuidadosamente diseñado para el encuentro entre el espectador y la obra.
Retratos, Dinastías y Alianzas Políticas
Los retratos de la colección NINS proceden de distintos países y representan principalmente a hijos de personajes de alto rango, aunque también incluyen figuras de origen más modesto. Todas las obras han sido seleccionadas bajo un mismo criterio: privilegiar la identidad del modelo y su historia personal por encima de lo anecdótico.
La primera pieza de la colección fue Niña con cerezas, del pintor mallorquín Joan Mestre i Bosch (siglo XIX), una obra que refleja de manera ejemplar el misterio de la infancia. Con el tiempo, la colección fue ampliándose con especial atención a los siglos XVI y XVII, hasta conformar un conjunto representativo de las distintas corrientes del retrato cortesano europeo. Esta selección permite seguir la evolución de la representación de la niñez, así como la transformación progresiva de la indumentaria, que pasa de una elegante austeridad a una mayor exuberancia decorativa. A partir del siglo XIX se aprecia una expresividad más abierta, reflejo de una nueva sensibilidad y de una mirada más afectuosa hacia la etapa infantil.
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Gran parte de estos retratos circulaban entre las cortes europeas con el fin de facilitar alianzas matrimoniales entre las grandes casas reales, reforzando vínculos políticos y dinásticos, a menudo mediante uniones consanguíneas. Se trata, en este sentido, de una historia de la gran familia europea narrada a través de sus estrategias matrimoniales, en las que el nacimiento de los herederos era un elemento clave.
Pese a las restricciones impuestas por la Iglesia católica, que limitaba los matrimonios entre parientes cercanos, las dispensas eran frecuentes, respondiendo a una política matrimonial conservadora y expansionista en la que la diplomacia prevalecía sobre los sentimientos. Sin embargo, enfermedades y accidentes, comunes en la época, truncaban con frecuencia estas alianzas cuidadosamente planificadas.
Estas complejas relaciones familiares se reflejan en numerosos retratos de la colección. Las imágenes de estos jóvenes príncipes, envueltas en un aura de fábula y misterio, constituyen hoy un valioso testimonio de su tiempo. A través de la mirada del artista, nos introducen en un mundo hierático y distante, pero profundamente conmovedor.
Las expresiones de estos “niños-reyes”, enfrentados prematuramente a su destino, suscitan una reflexión que sigue interpelando al espectador contemporáneo.































